Empecé a jugar al básquet hace ya nueve años y creo que ningún jugador quiere a una camiseta más que a la de su primer club; y mi primer club fue Caja Popular. Un cariño especial, un amor a la camiseta, ese que te hace llegar primero y salir al último, el que te hace compartir buenas experiencias y soportar aún más las malas.
Hoy, el club está desolado, con tribunas vacías y sucias; puertas, ventanas y equipos deteriorados, deudas, balances no presentados, sueldos impagos y dirigentes que siguen si aparecer y dar una respuesta. Muchas notas y reclamos se hicieron pero los responsables no dan la cara. ¿Tan grande es el cargo de conciencia que tienen?
Hace ya casi tres años me encargué con varios amigos como Fernando Llanos, Ricardo Corbalán y Emilio Matteo, entre otros, de empezar a acondicionar el club. Siendo nosotros tan sólo ex-jugadores, el cariño puede más: así, pintamos las líneas de nuevo en toda la cancha, pusimos un tablero de MDF (ya que el de acrílico lo rompió la gente que estaba a cargo de un equipo de voley que jugó allí), limpiamos el parqué, pusimos redes y varias cosas más. Podemos ayudar en mucho pero lo demás no está a nuestro alcance, no podemos pagar las boletas de impuestos, ni presentar los balances. No podemos representar al club en competencias sin autorización. De eso se tiene que encargar la gente responsable y les pido por favor que lo hagan, por respeto a todos: a sus seguidores, a sus ex jugadores, a sus glorias y por respeto a la institución (que fue una de los tres privilegiadas de Tucumán en jugar una Liga Nacional). Reflexionemos y colaboremos para que este "Gigante" no siga dormido. Gracias